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jueves, 28 de julio de 2011

A propósito de los reemplazos.

Aflicción y somnolencia en el baile de las campanas rotas,
cuervos inquietos por tragar rosales, dejar desengaños,
carne amarga, seca y cruda para degustar en el desayuno del insomnio;
trémulas gotas de rocío sobre flores de pétroleo.

Una tasa de aceite hirviendo para acompañar
un pan con hormigas naúceabundas,
el frío de la mañana; una búsqueda palpando las respuestas absurdas.

La vista nublada, pensativa, buscando en los caminos anteriores
el consuelo que no existe.
Muy en el fondo, las ganas de volver se opacan por la realidad que brilla.
El descoyante latir de lo que había sido se hunde en las arenas de la madurez y el crecimiento.
Todo se encarga de degoyar los recuerdos y atesorar momentos
para alimentar las melodías bastardas de los futuros y nuevos descontentos. 

miércoles, 27 de julio de 2011

Paraje.

Las palabras te olvidan, pero el silencio te lleva
a un lugar de voces apacibles
donde el viento tiñe de colores cada pena,
un sitio do la paz canta, donde nacen risas
de pruebas superadas.

Manantiales, vetas, montañas, el cielo a un salto.
El agravio a sinfín de metros.
Lluvia tibia, bailes sobre plumas de ángel
tardes que salvan el día
certidumbre de buena vida.

Creencias fugaces, un olvido enamorado
amarillos, verdes, pastos para recostarse,
sombras de álamo para regocijarse.

Un lugar donde los veranos lluevan a diario,
donde los otoños florezcan a cada instante,
un espacio donde las primaveras no deshojen vidas
un pequeño rincón donde el invierno es amado.

Escaleras de espuma, lechos de nube,
arreboles nocturnos, auroras boreales,
arcoiris sobre el mar, ríos de violetas
cerros de ceda.

Ojos cerrados.

La monotonía de las risas sumado a las puertas que no saben cerrar,
esos cuadernos que miran, no ayudan tanto como espera el cansancio.
Los cojines tienen arena y sal gruesa, las ovejas que cuento comen
pasto de cafeína y beben vinagre de manantiales ensangrentados.
El mal olor hace preguntar cuándo cambiará.

Por las paredes se deslizan acuarelas de terror, por ahí suenan,
melodías enloquecidas que aceleran el corazón; todo, sinfonía que hace dormir.
Un comezón de mosquitos sedientos son las caricias para sucumbir.

Bajan, descienden las arañas de las esquinas olvidadas,
no hay luz; el susurro tenebroso de una noche criminal es una visita habitual.
Tijeras cortan los nervios, azufre en los ojos.
Alarmas de incendio, acompañan a niñas de ojos negros con dientes de fuego.

Entre las cortinas y ventana manos con venas atrofiadas;
la furia de hachas oxidadas.
Sombras de desquicio; algún lugar deshabitado de risas se hundió a un costado,
al otro lado, muro frío de tiranas uñas quebradas, callosidades y muelas cariadas.

Ratones, ratas, lauchas, baratas, muñecos endemoniados, gusanos mal alimentados.
De cielo, cardos; por horizonte, un erial; por sol, un gato detripado por cuervos
que visten piel de humano.

Saltando de nube en nube guguas despellejadas,
en las montañas, vacas colgadas de un solo cordón umbilical,
comen placenta,  y viseras de quien no supo perdonar.

Pasillos oscuros, donde la luz es el maquillaje de un payaso
sanguinario que acuchilla rodillas de inválidos. Por suelo, cabezas de pescado,
serpientes, deshechos, espinas de rosales marchitos.

Peste, sudor, desesperación por lagrimas,
Se caen los dientes, y penden de un hilo, manos
sin dedos, grito silente, presenciar muerte ... retorcerse hasta ver el sol.

Lo que los pájaros traen.

El último amanecer a las veredas,
el primer saludo de las almohadas,
el tic del miedo, el tac del tiempo.
Un café negro, el calor del agua, el riego de la pena.

Unas pileta de monedas olvidadas,
algunas preguntas de los espacios cerrados.
Un terreno de pasto para recostarse,
un argumento suficiente para matar a alguien.

Mi plaza, que no es espacio, sino vacío en la historia.
Los sellos de interpretación juiciosa que nunca mata,
la correcta intención de no querer dañar, para no ser dañado;
El hecho, que de lo mismo perder todo, si sé que no fue mio.

Jardines de romanticismo entre la urbanidad,
una explanada de soberbia con miradas de estima baja,
vestigios de alma, trozos de respiro, escarnio de vecinos.
Fantasmas de carne, huesos sin alma, sangre de mentira, venas de agua.