La monotonía de las risas sumado a las puertas que no saben cerrar,
esos cuadernos que miran, no ayudan tanto como espera el cansancio.
Los cojines tienen arena y sal gruesa, las ovejas que cuento comen
pasto de cafeína y beben vinagre de manantiales ensangrentados.
El mal olor hace preguntar cuándo cambiará.
Por las paredes se deslizan acuarelas de terror, por ahí suenan,
melodías enloquecidas que aceleran el corazón; todo, sinfonía que hace dormir.
Un comezón de mosquitos sedientos son las caricias para sucumbir.
Bajan, descienden las arañas de las esquinas olvidadas,
no hay luz; el susurro tenebroso de una noche criminal es una visita habitual.
Tijeras cortan los nervios, azufre en los ojos.
Alarmas de incendio, acompañan a niñas de ojos negros con dientes de fuego.
Entre las cortinas y ventana manos con venas atrofiadas;
la furia de hachas oxidadas.
Sombras de desquicio; algún lugar deshabitado de risas se hundió a un costado,
al otro lado, muro frío de tiranas uñas quebradas, callosidades y muelas cariadas.
Ratones, ratas, lauchas, baratas, muñecos endemoniados, gusanos mal alimentados.
De cielo, cardos; por horizonte, un erial; por sol, un gato detripado por cuervos
que visten piel de humano.
Saltando de nube en nube guguas despellejadas,
en las montañas, vacas colgadas de un solo cordón umbilical,
comen placenta, y viseras de quien no supo perdonar.
Pasillos oscuros, donde la luz es el maquillaje de un payaso
sanguinario que acuchilla rodillas de inválidos. Por suelo, cabezas de pescado,
serpientes, deshechos, espinas de rosales marchitos.
Peste, sudor, desesperación por lagrimas,
Se caen los dientes, y penden de un hilo, manos
sin dedos, grito silente, presenciar muerte ... retorcerse hasta ver el sol.